Lo que alguna vez estuvo retenido.
Confiscado nace de una historia real de Fran Evangelista: un vino suyo quedó atrapado en un depósito por una cuestión de papeleo, sin poder salir hasta que se resolvió. Durante ese tiempo, todos lo llamaban simplemente el confiscado, y el apodo terminó convirtiéndose en marca.
Así se registró y tomó identidad propia, con una pieza que no es una etiqueta común sino un serigrafiado aplicado sobre el vidrio.
El concepto tiene un guiño irresistible: es el vino que estuvo prohibido y ahora es tuyo. Ese aire de tesoro liberado, de algo que valió la pena esperar, es lo que lo vuelve conversación apenas se sirve. Un vino con historia y con prontuario