Monelli nace para provocar escenas reales, donde el disfrute no responde a reglas, sino a instintos. Cada partida se crea con atención al momento, al ánimo, al deseo de compartir sin estructura. El vino se convierte en vehículo de encuentro, de impulso, de afecto en estado puro. La misión de Monelli es acompañar esas vivencias con sabor, con gesto y con carácter.
El vino responde al ritmo de quien lo crea. Mono —así le dicen— elige elaborar con pasión, sin guión, con libertad, con una mezcla de sorpresa y verdad que desarma cualquier estructura. Monelli proyecta una colección de vinos ligados a la emoción, al presente y al juego.