Originarias de Oriente y apreciadas desde hace milenios,
las mandarinas llegaron a Occidente entre los siglos XVI
y XVII. Su color intenso inspiró a que los comerciantes
portugueses las llamaran mandarim, en alusión a los
elegantes ropajes de los funcionarios imperiales chinos.
Ya en el siglo XIX comenzaron a cultivarse en el
Mediterráneo y el norte de África, y el puerto desde donde
se distribuían al mundo era Tánger. Eso dio origen al nombre inglés tangerine.
De la fusión de ese fruto pequeño, luminoso y fragante
con botánicos seleccionados nace este vermouth: cítrico,
fresco, vibrante. Una invitación a una copa con historia que es, a la vez, audazmente moderna.